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Diario Reflexivo

AUTOEVALUACIÓN

MARÍA FERNANDA MARTÍNEZ CARRANZA

INFORME DE AUTOEVALUACIÓN.

 1. Valoración cualitativa 

La autoevaluación es una parte esencial en mi carpeta de aprendizaje, donde voy a realizar un juicio crítico de mi trabajo, y además hacer unas reflexiones, no solo a nivel formativo, sino personal.

Como dice Carlos Marcelo García, “Hemos entrado en una sociedad, que exige de los profesionales una permanente actividad de formación. La Escuela tiene que dar respuesta a los desafíos que se le avecinan, con la capacidad de ofrecer la mejor educación para todos los alumnos”.

Y yo me pregunto: ¿Realmente lo estamos aplicando hoy en día en La Escuela? Quizás sí, más de lo que nosotros pensamos. ¿Pero nos tenemos que quedar sólo con una carpeta de aprendizaje para el alumno? ¿Y cuando el alumno eres tú?

Voy a ponerme como ejemplo en este proceso de reflexión e innovación, porque he podido sentir, comprender y respetar las diferencias y he tenido que afrontar situaciones complejas para llegar a mi formación en este caso como alumna, no como profesora.

Me he encontrado con verdaderas dificultades para poder seguir y enriquecerme de esta signatura, y lo primero que he tenido que superar ha sido la metodología.

Nunca había manejado un ordenador, siempre hasta ahora he sido muy reflexiva y autónoma en mis trabajos, en mis investigaciones, pero no había necesitado entrar en una página determinada de Internet (creía que no era necesario).

Pero puedo decir: ¡Qué suerte que me he sentido tan agobiada en mi proceso de formación!. He podido innovar e investigar, y sobre todo CAMBIAR.

Mi esfuerzo, mi dedicación y mi tiempo me han ayudado a tener una calidad en los resultados, muy positiva. Creo que me he implicado, a parte de porque me gusta, porque me ha parecido interesante a nivel individual: las lecturas, las reflexiones, y aunque no he podido (por motivo de mi horario de trabajo) asistir a todos los debates, si he podido entrar en la WEB CT y participar en los comentarios reflexivos, así como interesarme preguntando a mis compañeros.

Respecto al trabajo en grupo, me pareció muy interesante la propuesta de Atreyu. Me impliqué en su investigación y sentí que trabajaba con compañeros muy competentes y trabajadores.

Nuestro trabajo “EL TRONCO”, no acaba; es más,  se podría decir que es el principio de un plan, en el que se necesita seguir indagando.

 2. Valoración cuantitativa 

Nota sugerida:  NOTABLE   7

  SUGERENCIA DE INFORME DE EVALUACIÓN DE LA ASIGNATURA: 

El tiempo que dedico al estudio autónomo es prácticamente una hora y media diaria (de 13:30 h. a 15:00 h., que es cuando mis alumnos duermen la siesta y yo los cuido). Por la mañana, cuando acudo a mi centro de trabajo, de 7:30 h a 8:30 h, me conecto a la WEB CT, hasta que empieza mi jornada de trabajo, ya que en casa no puedo hacerlo por motivos técnicos.

Me gusta como imparte Leonor la asignatura, “es una más”, y con ello expreso el acercamiento y el abanico de posibilidades tan amplio, que te deja para APRENDER.

Valoro bastante el material proporcionado, pues el factor tiempo es fundamental, y el hecho de proporcionarnos el material ayuda y pone en marcha el aprendizaje, ayudando a que existan menos dificultades para empezar a trabajar.

En cuanto a los contenidos propuestos, añadiría más hechos concretos, para que la teoría se centrara en personas que nos transmitieran su propia experiencia. Por ejemplo, que dificultades se han encontrado, cómo se encuentra un universitario que quiere entrar en la docencia, maestros ubicados en distintos ambientes sociales, altos, bajos, marginales.

Los contenidos me ha parecido bien, pero tendrían más riqueza si se complementaran con la práctica real.

 “Enseñar es un proceso gradual y una tarea complicada. Hay ciertos maestros que aprendieron esta tarea y dejaron huella en cada uno de nosotros. Coles (1990), refiriéndose a este aspecto señala: Menciono a estos maestros, porque, incluso ahora, siguen formando parte de mi vida. Sus pensamientos y valores forman lo que considero y llamo mis propios pensamientos y valores. Su ejemplo, lo que hacían, su estilo de enseñanza, las estrategias que utilizaban, continúan inspirando mi trabajo”. 

 

UN PROYECTO PARA HOY

La escuela es un lugar de aprendizaje de vida. Como escuela enseña a los alumnos a aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos, a ser.

Como escuela es un lugar de comunidad en el cual se vive, los alumnos aprender progresivamente a armonizar cultura y vida.

Formamos una comunidad educativa entre el profesorado, los padres y el personal no docente.

Juntos asumimos un proyecto y unos valores esenciales basados en la amplia visión de la educación.

Nuestros alumnos son el centro de nuestro interés en todo lo que concierne a la organización y a la vida escolar. Les ayudamos a adquirir conocimientos, a desarrollar sus capacidades y crecer en valores a través del descubrimiento de la naturaleza de los demás y de sí mismos.

Sabemos que los alumnos no son iguales en sus capacidades personales ni en sus circunstancias personales, familiares, religiosas y económicas. Respetamos tal diversidad al desarrollar nuestros proyectos y prácticas pedagógicas, así como en la forma de evaluar su progreso académico y sus actitudes.

Tratamos de crear situaciones de aprendizaje donde todos y cada uno puedan acertar y sentirse seguros personalmente.

Al favorecer la participación y creatividad en el proceso de aprendizaje, ayudamos a los estudiantes a tener confianza en sí mismos. Intentamos no sólo desarrollar conocimientos, sino también enseñarles a aprender a trabajar en equipo, a comunicarse y aceptar responsabilidades.

En calidad de educadores, estamos llamados a desempeñar funciones de responsabilidad en lo profesional. Participamos en programas orientados a adquirir competencia personal en esta tarea, tratando de buscar juntos los métodos y las estrategias más adecuadas para educar a la juventud de hoy, y profundizar en el conocimiento del carácter específico de la educación.

Comprendemos nuestra experiencia educativa y aprendemos de la de otros.

En el quehacer diario, arduo y laborioso de la vida escolar de hoy, tratamos de sembrar esperanza, y ser animadores de los jóvenes.

Los retos a los que nos enfrentamos son, aquellos en los que están implicados los jóvenes. Tenemos que escuchar, preguntar, investigar, y mirar a nuestro mundo a través de los ojos de los jóvenes:

-         Transformar nuestras estructuras actuales.

-         Iniciar nuevos proyectos.

-         Desear que nuestra experiencia se corresponda con nuestras palabras.

-         Comprometerse con la educación a través de la educación. 

MI AUTOBIOGRAFÍA

Nací el 1 de abril de 1958, en Salamanca.

Estudié  hasta 4º de bachiller en el colegio de LAS TERESIANAS, y los cursos siguientes en Alcalá de Henares, en el Colegio de LAS ESCOLAPIAS.

Seguidamente fui al INSTITUTO NACIONAL COMPLUTENSE DE ENSEÑANZA MEDIA DE ALCALÁ DE HENARES,  donde cursé COU, en el curso académico 76/77., y que por cierto, excepto las asignaturas de Política y Literatura, me quedaron todas.

Fue un curso difícil, desde los cuatro años había estado sometida a una disciplina, orden, control, seguimiento, horarios,... y pasé a “que no pasaba nada si no aparecía por clase”. Nadie te vigilaba ni te preguntaba. Se fumaba en las clases, a veces había pleno, y otras estábamos de “pellas” en el Bedel (Cafetería de encuentro para los que no eran “disciplinados”). Todo para mí era novedoso, hasta faltar a clase...

El problema llegó cuando los P.N.N. del año 77 se pusieron en huelga y los catedráticos no daban clase, con lo cual “se me juntaron el hambre y las ganas de comer”. Los profesores no impartían clases y nos pidieron ayuda y colaboración. De las fotocopias que nos proporcionaban unos y otros, íbamos llenando hojas y hojas, que a mi personalmente no me sirvieron para nada, pues cuando llegó junio, no me sentí capaz de poder superar tanta materia y aprobar.

En COU, en el momento que te quedaban tres o más asignaturas ya te daban “NO APTO” y pasabas a repetir curso. Pero un ángel pasó por allí, porque en el claustro decidieron que se nos brindaba la oportunidad de darnos “APTOS”, y poder sacarlo en septiembre.

Por aquel entonces, yo estaba haciendo el servicio social (ese fue el último año que se hizo) de la delegación Nacional de la Sección femenina, y me pedí realizarlo en una guardería donde tenía que ir al comedor a servir y ayudar a comer a los preescolares. Siempre me han gustado mucho los niños, y me he sentido muy feliz estando al lado de ellos. Conocí la guardería de San Bartolomé (pasados algunos años, fue ahí donde me casé, no por nada especial, tan solo porque yo quería casarme en Semana Santa para no pedir permiso en el Colegio, ya que llevaba poco tiempo trabajando)

Quien me enseñó la guardería y me dijo en que consistía mi trabajo fue el padre Emilio (ya lleva algunos años que no está con nosotros). Me explicó mi horario, lo que tenía que hacer en cada momento, me presentó a los cocineros y allí estuve mis tres meses de Servicio Social, que fue decisivo en mi vida. Gracias al Padre Emilio, mis estudios tomaron sentido; mi autoestima, de la que tanto ahora se habla,  mejoró, y esto me ayudo a luchar por lo que siempre había dicho que iba a ser cuando era niña y me preguntaban: ¿Qué vas a ser de mayor? – Maestra, decía yo. Mis compañeras también lo decían, pero quizás no lo tenían tan claro como yo, porque ahora son médicos, abogados, amas de casa...

Claro que después de que los psicólogos en el Gabinete de Orientación de por aquél entonces, me dijeron por la valoración de un test, sin conocerme de nada, en una hora que estuvieron en el aula, y con la mayor frialdad del mundo, a mis dieciséis años: “Tú, Fernanda, mejor dedícate a la jardinería, decoración...”, vamos que no estudiara.

Recuerdo que discutí en el despacho de aquel señor, que  de psicólogo, para mí, sólo tenía el nombre. Yo quería ser maestra, y si tenía que estudiar más tiempo, ya lo haría.

Cierro los ojos y me digo: ¡Qué bien nos ayudaban a motivarnos en los años 70!

Sigo con mi buen amigo, el Padre Emilio:

Un día me dijo: ¿Te gustaría ser maestra?

¿A que parece un cuento?... Pues es real. Eso, a mis diecisiete años, me estaba ocurriendo a mí, con todo un COU suspenso y tan solo unos meses de verano para sacarlo.

El padre Emilio me llevó a la Escuela Universitaria Cardenal Cisneros, donde se hacía Magisterio.

Me puse a trabajar de repartidora de productos AVON, me saqué dinero para pagarme una academia, por aquel entonces La Academia de Fonseca, ubicada en la Calle Santiago. Acudí todos los días de verano, renuncié a ir de vacaciones, trabajaba “pateándome” Alcalá, pues cuanto más vendía, más ganaba (mis padres sólo disponían de un sueldo).

Me encantó la escuela. Los H.H. Maristas me recibieron con mucho cariño, todas las aulas me gustaban, estaba como hechizada. Si entraba en esa Universidad, se cumpliría mi objetivo.

Llegó setiembre y me presenté a todas las asignaturas.

A la semana siguiente me acompañó mi padre (que hace unos meses que también se ha ido) a la escuela. Allí el Director, el Hermano marista Benito me hizo la matrícula. Había quedado matriculada en el Curso académico 76/77.Había un pequeño y gran problema, el económico. Pero había becas, de la Fundación de Santa María, y se la concedieron a mi padre, con lo cual empecé en setiembre a estudiar magisterio por la rama de Filología Inglesa (El director nos recomendó que hiciéramos esta especialidad por aquello de colocarnos mejor).

 MI PERIODO DE PRÁCTICAS 

Mi periodo de prácticas y mi primer palo. ¿No dicen que los palos te hacen madurar...?

Verdaderamente no se si te hacen o no madurar, pero sí te hacen daño, y duele que te sientas engañada y te tengas que callar...

En la Escuela de Magisterio me permitieron realizar las prácticas en un Centro de E.E., ubicado en Canillejas. Allí acudí a realizar mis prácticas con niños especiales, con diferentes discapacidades, más psíquicas que físicas. Tan encantada quedé que el segundo año también las realicé en el mismo centro. El equipo de profesores era encantador y me sentía muy integrada. Tanto fue así que me hicieron un contrato y estuve sustituyendo durante un mes a una compañera. Fue mi primer sueldo, mi primera clase, mi primer claustro. Una experiencia que no se me olvidará nunca...

Lo que sí he querido olvidar es que me prometieron a poco de terminar mi tercer año, un puesto de trabajo en el colegio. Yo no es que estuviera contenta, yo botaba de alegría. Pero como todas las historias, ésta no tuvo un final feliz, pues no me hicieron un contrato, porque llegó una recomendación y...

¿Sabía más que yo?, no había trabajado nunca en El Centro. Ninguna de las dos teníamos Pedagogía terapéutica, pero a ella le facilitaron trabajar sin el Título. A mí me dijeron que sin él no podía trabajar.

¿Importaba realmente que esta persona no estaba preparada? ¿Qué clase de formación tenía?.

¡Cuántos interrogantes pude hacerme!

Me fui al Ministerio, me recibieron, me escucharon, pero tenía que denunciar. Hasta ahí llegué, porque no estaba dispuesta a echar a quien todavía no había llegado. Fue un desencanto y una buena decepción, pero una buena reflexión para mi aprendizaje.

Retomé mis ilusiones y mis ganas de seguir adelante, y al año siguiente, empecé de maestra de Educación Infantil, donde actualmente sigo, veinticinco años que llevo en El Colegio Marista San José del Parque.

Mi experiencia como maestra es muy positiva y reconfortante. Cuando llegué era muy jovencita, 22 años y soltera, y con apenas experiencia en este campo, pero con muchas ganas de aprender de quien me quisiera ayudar. Tuve la buena suerte de que así fue, porque con el equipo que me encontré, desde el primer momento fui una más en todos los sentidos: Para trabajar, organizar, programar, participar...

El día a día encierra muchas experiencias, que no están escritas en los libros, que no se estudian, pero que están ahí, problemas que surgen y tú eres la tutora y quien tiene que resolverlos. Reuniones de padres, donde tienes que responder ante unos padres que han dejado a sus hijos en el aula y que yo tengo que formarles, enseñarles, educarles, motivarles...

Es fundamental, y ahora todavía lo valoro más, la experiencia. ¡Puedes saber mucho, pero si no sabes transmitirlo...!

Ahí me deje llevar mucho y fui muy observadora. Mis compañeras llevaban enseñando a leer 17 y 20 años. Yo, acababa de llegar. Desde el primer momento me dieron 37 niños de cinco años, y un objetivo: Tienen que pasar a primaria, cuanto más lean, mejor; cuanto mejor escriban, mejor. Que cojan bien el lápiz, que conozcan los números, que sean creativos en sus dibujos... Hay reuniones, tengo que preparar un festival...¿Cómo superaré todo esto? CON AYUDA, es imprescindible que te ayuden, y sobre todo que te dejes ayudar. Siendo sencilla, no prepotente. No todo lo que se aprende está en los libros. Hay muchas teorías, muchas estrategias, pero es como las recetas de cocina: hay muchos ingredientes, y si sólo te ciñes a leer y no le echas una pizca de entusiasmo, motivación, entrega, dedicación y tiempo, poco rico te saldrá. Porque todo requiere su tiempo, mucho mimo, y un saber hacer.

Hoy en día las cosas han girado, y todo lo que afirmo es ahora, a mi compañera de 23 años a quien intento transmitírselo. Ella acaba de llegar, y le falta la experiencia. No estamos en el curso 81/82, cuando yo llegué al centro. Estamos en el curso 05/06, y han pasado años, pero mi compañera sigue necesitando a alguien que la oriente, que la guíe, que la enseñe a enseñar. Y creo que ese es mi papel hoy en día. Intento transmitir mi experiencia.

Trabajamos con niños de 3 años, son 28 alumnos en cada clase.

Las exigencias de los padres y la Sociedad han cambiado, pero lo que no ha cambiado es que es importante innovar, renovarse, seguir adelante, seguir evolucionando, y no quedarse atascado con lo que yo hice. Es importante evolucionar:

Abrirse a nuevas expectativas.

Saber escuchar a los jóvenes, con sus nuevas ideas e ilusiones, pero que ellos también sepan que los que estamos desde hace años aquí, estamos dispuestos a CRECER JUNTOS.

DIFICULTADES DE UNA FORMACIÓN BÁSICA PARA EL PROFSOR DE EDUCACIÓN SECUNDARIA

El CAP, para muchos universitarios es un “lugar en el futuro”, y eso tiene doble sentido: por una parte has terminado la carrera y te gusta la docencia… o te encuentras con la carrera terminada y buscas trabajo.

¿Puede estar ahí fallando el sistema? ¿Cualquier universitario está preparado para la docencia?

Con el curso de adaptación pedagógica se obtiene el título de postgrado, que tiene como fin formar al profesional como profesor de secundaria, y con ello es necesario realizar un determinado número de clases teóricas, trabajo de autoaprendizaje y prácticas en un instituto de educación secundaria (entre unas 150 y 200 horas).

No parece serio este enfoque de adquirir un título. La formación del profesorado es algo mucho más serio e implica mucho más que integrándose en el mundo laboral tan solo con el enfoque ¿quiere ser profesor? No todo el mundo está preparado para impartir clase con chavales nada más y nada menos que adolescentes.

Puesto que lo pueden hacer todos aquellos que hayan terminado una carrera (dejando aparte los diplomados en magisterio, licenciados en pedagogía), que pueden convalidar materias… y difiero también en ello. Ni que decir tiene un licenciado en económicas o en químicas, por ejemplo, que no encuentra en el mercado laboral su hueco, e intenta acomodarse, no integrase en el mundo de la docencia, la vocación, el día a día, estrategias para afrontar la nueva realidad de las aulas.

Hemos oído muchas veces, sobre todo de los propios adolescentes, la frase: “debe saber mucho, pero no sabe enseñar”. La práctica parece ser que se ha convertido en un trámite burocrático y se pierde bastante el tiempo porque las personas no están motivadas y van a cumplir y obtener el certificado. 

Personas que lo han cursado, opinan: “Menos mal que me dio por estudiar carreras de ciencias. La ventaja es que está bien organizado y al menos será interesante como material de consulta”. La verdad es algo infumable, tres libros, realmente algo tochos y con cero interactividad.

  • El profesor de educación secundaria ha de ser un profesional competente, con formación pedagógica integrada en su formación académica y con un dominio personal y profesional de las funciones y tareas y en los problemas que ha de tener que afrontar en la práctica de los centros educativos.

La primera condición que ha de tener la formación inicial de un profesor de educación secundaria es la de su carácter profesional. Ahora bien, la construcción de la identidad profesional es un proceso que comienza al principio de su formación básica de carácter académico. El problema de la formación básica incluye, según Esteve (1996) prestar atención a los siguientes componentes: la forma de seleccionar a los profesores, la sustitución de los enfoques normativos por los meramente descriptivos (en esto hay algún desacuerdo, como luego comentaré) y la necesaria adecuación de los contenidos de la formación inicial a la realidad técnica y sociocontextual de la práctica escolar (de la institución y su contexto, bien se considera éste incluido o fuera de la institución).

La selección ha de incluir el examen de dimensiones de la personalidad habitualmente descuidados en los programas formativos usuales, incluyendo factores motivacionales y de madurez emocional. Además, se han de examinar, no sólo los conocimientos pedagógicos, sino las competencias profesionales aprendidas de forma integrada al mismo tiempo que se recibe la formación académica de tipo cultural. Estas competencias son de dos tipos: genéricas, específicas (con una atención especial, dentro de éstas, a las requeridas por la reforma y la innovación educativas).

El conjunto de las competencias genéricas de proyecto en la dimensión técnico-pedagógica del profesor. Se trata, a juicio de Sarramona (1997:3), de “la que podríamos considerar como la (dimensión) más profesional, puesto que se refiere a las tareas estrictamente docentes educativas que corresponden al profesorado (…) de secundaria”. Son funciones para las que no se ha recibido preparación desde la formación cultural previa y hacen referencia a los procesos de diagnóstico de necesidades de los alumnos, planificación, evaluación y de vinculación con la propia organización educativa y su entorno. A estas competencias de carácter genérico deberán añadirse otras de índole más específica directamente ligadas a las exigencias de la reforma educativa a las que nos referiremos más adelante.

Los problemas de la formación básica y de la selección están directamente entrelazados sin que resulte fácil resolver los problemas que plantea esta antinomia. En principio, ninguna de las soluciones propuestas por los especialistas resuelve totalmente el problema: ni la formación integrada en la carrera, ni la licenciatura específica de profesor de educación secundaria, ni la formación posterior a la superación de las pruebas de ingreso en la carrera docente, como tampoco el modelo propuesto por la ley (C.C.P) para sustituir al todavía vigente del C.A.P.

Por una parte, la exigencia de la calidad de la formación requiere que la formación “profesional” se adquiera de forma integrada con la formación cultural. Pero este enfoque defendido por diversos especialistas (Esteve, Sarramona…) no deja de presentar varios puntos débiles. En primer lugar es costosa y se debería cursar a lo largo del segundo ciclo, con lo cual significa que superando con mucho las posibilidades de optatividad de las licenciaturas universitarias, terminaría por requerir, en la mayor parte de los estudios, un sexto año de estudios. 

El profesor de la educación secundaria obligatoria, considerado como un profesional de la educación básica, cuya continuidad tendrá lugar, bien a través de la secundaria no obligatoria, bien, en su día, a través de otras acciones dentro del proceso de formación permanente de todos los ciudadanos; concibe un profesional con unas competencias técnicas y humanas en relación con las funciones instructivas y tutorial.

En definitiva, el profesor de la secundaria obligatoria se caracteriza por ser un educador, profesional competente en el diseño y desarrollo de situaciones instructivas, regulador del aprendizaje del alumno y asesor en las decisiones curriculares que ha de seguir éste.

La reforma educativa introduce la atención a la diversidad (cognitiva, social, cultural, lingüística…) de los alumnos y la necesidad de que el profesor, en colaboración con el conjunto del centro educativo y de los profesionales asesores exteriores al mismo, dé una respuesta eficaz a la atención a los distintos alumnos. Dentro de estas nuevas competencias, “la tutoría aparece como función clave dentro de la reforma de la educación secundaria” (Sarramona, 1997:9) y su ejercicio “implica el dominio de técnicas concretas de orientación y asesoramiento, tanto para con los alumnos directamente como para con sus familias, sin olvidar al resto de los colegas” (ibid, ibid). Además, ha de destacarse, de nuevo, el carácter de “social” e “institucional” del proyecto y de la acción curricular, de tal forma que se exige en los educadores una actitud cooperativa y solidaria con el conjunto de la organización educativa y, más allá de ésta, con las “redes de educadores que trabajan en el desarrollo de los planes de estudio” (Power, 1997:8); aunque esta dimensión del trabajo profesional es menos decisiva en la secundaria obligatoria que en la postobligatoria, sobre todo respecto del bachillerato-, no debe dejar de incluirse, precisamente como una forma de trabajo y de investigación cooperativa.

Se trata, en definitiva, de que los profesores de la secundaria obligatoria, entren en simpatía con el espíritu de la reforma educativa y se comprometan con los supuestos psicopedagógicos en los que ésta se apoya.

Para concluir, resulta preciso tomar alguna dosis de sentido común y admitir con realidad (no hace falta que sea con “realismo”, ya que éste suele contradecir todo asomo de aspiración utópica) un par de realidades, a saber: que la mayor parte de los profesores de secundaria obligatoria no se formaron inicialmente para serlo de estas enseñanzas y que, probablemente, llegarán a conocer alguna modificación, de mayor o menor envergadura, que afecte al currículo de este nivel.Será necesario seguir actuando sobre los profesores actuales e inmediatos de la educación secundaria obligatoria en relación con los efectos emergentes producidos por, o desde, el enfoque de la “comprensividad”. Diversos estudios doctrinales (García Garrido, 1997; González Vila, 1997) y los propios Informes de este Consejo en los últimos cursos están concentrando su interés en que, sin renunciar quizá, y menos inmediato, a los beneficios pedagógicos-sociales de una enseñanza basada en los principios de la comprensividad, será preciso introducir algunas correcciones (ojalá que no hayan de ser sistemáticas, viene a desear García Garrido, 1997:9) en el final de la secundaria obligatoria. En efecto, como ha señalado con precisión metodológica González Vila, “la presencia de las diferencias en la escuela comprensiva es consecuencia “lógica” justo de la comprensividad: si no hay diversas escuelas en razón de las diferencias (…), las diferencias no podrán por menos de instalarse en esta única escuela, la comprensiva “ (1997:21, nota 3).En pocas palabras, la “única escuela” posible es una escuela comprensiva (si estamos hablando de la educación común dentro del equipaje del estado del bienestar), pero, precisamente por ello, una escuela capaz de entrar en interacción positiva, de intervenir activamente para hacer efectiva la participación de todos los ciudadanos en esta educación básica que hoy entendemos articulada por la educación infantil, primaria, secundaria obligatoria y educación (permanente) de adultos.